Sordo el Gobierno ante las leyes ambientales

lunes, 21 de julio de 2003

Por Camile Roldán Soto
End.croldan@elnuevodia.com

EL REVUELO que causó la tala de 264 árboles en Carolina reafirmó el reclamo de los grupos ambientalistas en torno al Corredor del Este y el llamado a tomar acciones urgentes para mejorar la política ambiental en Puerto Rico.

La crítica principal de los grupos es que los gobiernos prometen velar por las leyes ambientales, pero al final no supervisan los trabajos y terminan adecuando las construcciones para el beneficio de los grandes desarrollos. "La situación ambiental en el país es crítica y urgente. Tenemos administraciones de gobierno que no acaban de comprender que hay que tomar decisiones radicales y urgentes porque el país no aguanta más", dijo Wanda Colón, ambientalista activa y miembro del consejo asesor sobre asuntos ambientales de la Gobernadora.

Al igual que otros ambientalistas, Colón dijo que se entristece al ver que "la señora Calderón se comprometió y creo un montón de expectativas y lamentablemente esta administración es igual o peor que la de Rosselló. Es lo mismo de siempre". La activista sostuvo que de nada valen los organismos de consulta cuando no van acompañados de un compromiso a escuchar y fomentar la implantación de ideas creativas para los problemas de Puerto Rico.
Juan Rosario, líder de Misión Industrial, opinó que "es grave pensar que el problema es la falta de conciencia. El problema es lo que se hace. Hay que buscar alternativas diferentes para crecer". En cuanto a la Ruta 66, los ambientalistas también criticaron que, después de tanto prometer, la actual administración siguió los mismos pasos que tanto criticó cuando el Partido Nuevo Progresista (PNP) estaba en el poder.


"Confiamos en que este gobierno iba a ser diferente. Pero se comportó idéntico. La ruta no tiene ninguna diferencia y promueve el desparramamiento de la misma forma", advirtió Rogelio Figueroa, líder del grupo Puertorriqueños por Puerto Rico, una organización de base política pero enfocada en el desarrollo sostenible de Puerto Rico. Figueroa criticó que ambos gobiernos, el popular y el novoprogresista, responden a los intereses de los desarrolladores al permitir la construcción de urbanizaciones y centros comerciales que, a su juicio, fomentarán aún más el uso del automóvil y aumentarán el tráfico.
La alternativa que presentaron las comunidades antes de que comenzara el proyecto era convertir la carretera número 3, que va de Carolina al este del país, en un expreso.

El proyecto planteaba la construcción de puentes elevados sobre la carretera número 3 y el uso del transporte colectivo.
"El Gobierno dice que hay que construir otras vías porque las existentes están congestionadas. Pero ese diseño lo que hace es abrir el sur de Carolina y Canóvanas y, eventualmente, a Río Grande al desparramamiento urbano", dijo Rogelio Figueroa.
Insistió en que la construcción de la ruta "nunca debió haber comenzado. Todavía estamos a tiempo para frenarla", puntualizó.



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