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perspectiva

Miles de familias puertorriqueñas podrían tener agua potable todos los días con sistemas de agua vecinales - Los Sistemas de Agua Vecinales (SAVE) propuestos por el partido ambiental prometen terminar con la escasez de agua que padecen cientos de comunidades en Puerto Rico, a la vez que integran a empresarios, comunidades, la banca privada y las agencias de gobierno en un proceso de modernización y diversificación del sistema de aguas del país.

SAN JUAN - Hay luz al final del túnel para muchas comunidades que hoy sufren de interminables periodos sin agua o frecuentes interrupciones en el servicio de agua.  Con los Sistemas de Agua Vecinales (SAVE) propuestos por el partido Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR), vecinos de cientos de comunidades podrían contar con sistemas locales de agua potable que asegurarían la disponibilidad de agua a la vez que generan empleos e ingresos para las comunidades.

 

Los SAVE se fundamentan en interconectar los drenajes de los techos de las comunidades, centros comerciales o instituciones (escuelas) para recoger el agua de lluvia y, mediante sistemas modulares de filtración y tratamiento, convertirla en agua potable que cumpla con todos los parámetros de calidad de agua del Departamento de Salud y la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados.

Según el Plan de Uso, Conservación y Desarrollo de los Recursos de Agua de Puerto Rico, de agosto de 2003, en el área norte de Puerto Rico cae un promedio de 70 pulgadas de lluvia cada año.  Una residencia normal de 30 por 40 pies, recibe en su techo unos 52,400 galones al año (143 galones promedio por día), cantidad que es casi suficiente para suplir todas las necesidades de agua de dos personas, a la tasa actual de consumo en Puerto Rico de 86 galones diarios por persona.

 

Dada esta abundancia de agua de alta calidad en los techos de las estructuras, un grupo de vecinos o comerciantes puede establecer un SAVE formando una cooperativa, contratando una corporación propiedad de trabajadores o a un empresario que se encargue de conectar los desagües de los techos (una vez estos techos hayan sido certificados como libres de químicos y otros aspectos contaminantes) a un sistema de colección, almacenaje y potabilización de agua de lluvia.

Como el agua de lluvia recogida en tales techos contiene muy pocos contaminantes químicos y biológicos, su potabilización puede llevarse a cabo en sistemas sencillos y de bajo costo que incluyen filtración (por arena, fibra y carbón), esterilización (por ozono o rayos ultravioletas) y finalmente clorinación.  El agua se analizaría continuamente en un sistema de monitoreo de calidad, antes de ser añadida al las tuberías de la AAA.

Los costos de operación de un SAVE están relacionados principalmente a los costos de energía eléctrica y mantenimiento.  La cantidad de electricidad que consumen los SAVE es relativamente baja, por lo que puede ser suplida por sistemas de molinos de viento o celdas solares.  Por otro lado, el sistema requiere un mantenimiento mínimo, asociado a verificaciones periódicas de los sistemas de potabilización y análisis.  En Puerto Rico hay sinnúmero de personas capacitadas para dar estos servicios (por ejemplo, retirados del sistema de acueductos y la industria farmacéutica). 

 

Para que los SAVE sean económicamente viables, es necesario un marco de compra-venta de agua diferente del actual.  En primer lugar, es necesario que la AAA esté obligada a comprar el agua de calidad producida por los SAVE, de igual modo que actualmente la Autoridad de Energía Eléctrica tiene que comprar toda la electricidad producida por cualquier cogenerador.  La AAA debería pagar por lo menos 75% de lo que le cuesta a ella producirla y revenderla a los miembros del SAVE a la tarifa normal de venta.  Bajo este modelo, la AAA reduce sus costos y los miembros de la comunidad obtienen ingresos si consumen menos agua de la que colectan.

En lugares de mayor precipitación como las áreas montañosas del este, sureste, centro y oeste de Puerto Rico, donde la precipitación promedio es de 100 pulgadas al año, o en comunidades donde sus residentes implementen sistemas de ahorro de agua,  las oportunidades y la rentabilidad de los SAVE son aún mayores.  Estos SAVE podrían producir cantidades de agua muy en exceso de las que consuman sus residentes, y vender toda la diferencia a la AAA. 

Los SAVE pueden hacerse realidad en muy poco tiempo en Puerto Rico.  Nuestra isla tiene miles de casas y estructuras en áreas de mucha precipitación, y cuenta con muchas personas con conocimiento vasto –ya sea por experiencia en las industrias o en la AAA­– en la operación de sistemas modulares de purificación de agua.  Es un desperdicio permitir que tanta agua de lluvia de alta calidad se pierda en los desagües y se mezcle con aguas contaminadas.  Podemos crear cientos de SAVE para complementar el sistema de la AAA y aprovechar al máximo los servicios gratis que nos da la madre naturaleza, al tiempo que desarrollamos nuestra economía y nuestras comunidades y preservamos el ambiente.

Los SAVE representan los siguientes beneficios:

  1. Promueven el aprovechamiento del agua de lluvia de altísima calidad, que requiere un mínimo de tratamiento, en lugar de tener que procesar aguas sedimentadas y contaminadas de los embalses de la isla.
  2. Promueve el capitalismo social pues en una misma empresa se integran comunidades, empresarios o cooperativas, bancos, gobierno y agencias de gobierno para buscar mejorías en la calidad de vida, ingresos atractivos y participación comunitaria en las empresas.
  3. Promueve la conservación de agua de parte de los usuarios así como la búsqueda de mecanismos para mejorar la calidad del agua recogida, ya sea mediante forestación y reducción de fuentes de contaminantes locales como fuentes de polvo, etc.
  4. Resulta en un ahorro de producción para la AAA, nuevos empleos e ingresos para las comunidades y promueve la diversificación y descentralización del sistema de aguas de Puerto Rico.
  5. Reduce la necesidad de inversión pública en nueva infraestructura de agua al descentralizar los sistemas de suplido de agua.

Para evitar que los SAVE motiven un aumento en el desparrame urbano, estos sistemas se deben hacer aplicables a casas y estructuras construidas antes del 2004.  Para evitar la deforestación y la construcción desmedida con el propósito único de recolectar agua de lluvia, se limitará el área máxima por residencia o comercio que se podrá dedicar a la recolección de agua para procesamiento en SAVE.

El verdadero potencial de los SAVE se vería realizado bajo un modelo económico como la Economía Restauradora propuesta por el PPR.  Bajo este modelo, que incentiva actividades de restauración, los SAVE constituyen empresas de restauración ambiental que no pagarían contribuciones sobre sus ingresos; los bancos que financien sus operaciones no pagarían impuestos sobre los intereses devengados de los préstamos; y muchos empleados cualificados que se retiren del gobierno para crear un SAVE tendrían un año de salario pago para que puedan dedicarse a desarrollar la empresa.

Los SAVE son una muestra de las posibilidades que hay al integrar en una misma filosofía económica a las comunidades, los empresarios, la banca, la tecnología y los servicios gratuitos que nos da la naturaleza.  El programa de gobierno del PPR se fundamenta en esta filosofía, para detener la destrucción de nuestro ambiente y sociedad, a la vez que logramos desarrollo económico, bienestar y progreso para todos.